Una esperanza que duerme…

Articulo Por : jaimeco Cuestionamientos, imprescindibles Add comments

Veo ese sueño, tan profundo como una roca arrojada al océano, interminable libertad de caer, o dejarse caer por los sueños de bombones y chocolates, sueños de Nemos bailarines o de Paprikas voladoras en una infinita y deliciosa repetición de personajes que hacen lo mismo una y otra vez porque no se cansa de divertirnos que el avioncito vuele como cohete sin control o que el famoso pez rayado de la pelicula nade y vuelva a nadar o diga: venció a un tiburón, y que yo escuche con oídos adultos: enshió ibuónn!!, elicula é lemo ota esh, shi? shi?
Esos sueños que no recordaremos nunca, recuerdos perdidos en nuestro inconciente no traumado por el entorno caótico de nuestra sociedad. Ahora entiendo porque los padres no quieren que sus hijos crezcan, y no es que les guste que sean pequeños y tiernos siempre, sino que son blancas esponjas libres de malignidad y mentiras, puros en inocencia y sabios en repetición de nuestras palabras adultas con las que se van mezclando cada vez mas. En realidad nos da envidia ver que nosotros mismos somos felices porque ellos son felices en su nube de niñez, donde TODO es posible, donde la imaginación es la plasticina de su futuro, de nuestro futuro. Esa envidia de no ser felices sino por ellos y no por nosotros mismos. Pero no importa ya nuestra felicidad porque nos ha llegado el momento de dar lo que nos queda, vaciarnos en ellos, de dejar en este mundo a través suyo un legado de felicidad y amor, de conciencia social y ética solidaria, de lucha constante por eliminar ideas de daño público como la competencia y rivalidad, como un Dios de religiones del que todos hablan pero que nadie entiende porque de existir sería imposible de decir, de captar, de sentir, eliminar ideas de razas o clases, eliminar sistemas completos de exclusión y represión.

Impulsar la imaginación como un valor, la lectura como una diversión, la matemática como un juego, la física como una utilidad práctica, la filosofía como pilar insustituible de los objetivos de todo ser humano, la solidaridad como una naturalidad, el estar con la familia como una normalidad, decir lo que se piensa y pensar lo que se dice sin temores, mostrar que la verdad puede ser dicha.
La he vuelto a ver dormir, a mi hija, dos años apenas, y no sospecha aún que si bien no tocará la luna con la mano, la podrá tocar y deshacer con su imaginación, que quizá no viaje al polo norte pero puede ir mas lejos del planeta tierra y no solo visitar mundos lejanos y largos y gigantes y muy brillantes donde los chocolates salen de la tierra como hongos, o donde sea natural ver llover plumas de cisnes o pelo que no se enreda. Quiero creer que mis esfuerzos estan encaminados a llenar ese corazón de amor para que pueda amar, a llenar esa mente de todo el conocimiento que tengo para que con el suyo pueda ayudar al que está a la par, poblar esa imaginación de todo tipo de criaturas increibles, de todos los colores y de todos los sabores, indecibles monstruos que caminan en el aire y que se rien de su propia risa para que la palabra imposible sea motivo de burla y no de freno en su vida. Quiero alimentar su boca para que sepa como alimentar a otra boca, enseñarle que no es necesario sentir hambre para comprender al hambriento, que si una mano alimenta a una boca este mundo dejaría de sentir en los estómagos el paso de la muerte. Enseñarle que la idea de Dios no es de fiar, que el ser humano puede ser mejor aunque tienda a su autodestrución, que ella misma es capaz de llegar al estado de paz y de felicidad con pensar. Los padres depositan sus sueños en los hijos, pero es mejor depositar amor, confianza, amistad, imaginación, curiosidad, solidaridad, naturalidad, sinceridad, etc, para que sean constructores de sus propios sueños y no de los nuestros que por incapacidad no construimos. Ser padre es como volver a ser hijo solo que visto desde un espejo de pasado, ser padre me recuerda que sigo jugando con el trabajo que tengo, con los estudios que realizo, que sigo armando cubitos o legos, que aquel carrito con docenas de resortes y engranajes que desarmé para “ver como funcionaba” sigue estando presente en lo que hago y a donde voy.

Este mundo prosperará (en el sentido natural y no en el sentido absurdo y teológico de predicadores de falacias) si en las sociedades se siembran estas semillas desde la mas tierna infancia, desde que se alimentan los sueños con árboles de bombones y zanahorias de azucar que brotan de las paredes, en vez de sueños cubiertos de un agujero de hambre en el estómago y un puñetazo en la boca, de lo contrario tenemos el resultado actual, insensibilidad ante los que fueron insensibilizados alguna vez, violencia por los violentados, ladrones por los robados, y no sólo de materialidades, sino que el peor de los crimenes que se le puede hacer a una sociedad es arrebatarle a un niño no solo el alimento sino los abrazos. Una sociedad que tiene por hijos a los criados en la miseria, el hambre, la violencia, el desprecio, la basura, el frío, la ignorancia… JAMÁS tendrá un futuro más allá de la orilla del basurero.

A veces pienso que no somos merecedores de la conciencia, pareciera mas un estorbo que una ventaja evolutiva, esa conciencia humana que solo es el retardo inevitable de la propia antodestrucción debería salvarnos de un final no solo asegurado sino cruel, trágico y doloroso.
Prometeo se robo el fuego para las criaturas equivocadas.

No pareciera que la esperanza de nuestro mundo ahora mismo está, o debería estar durmiendo, con el estómago lleno, el corazón contento, y la frente llena de besos. Mientras eso no cambie, estamos condenados, condenados a que nuestra cabeza ruede por la mano de un des-amado, un des-soñado, un violentado, un ignorado, un desolado, matado por un ser que es incapaz de dar lo que nunca ha recibido y siguiendo el mas viceral instinto de supervivencia reparte lo que le han repartido.



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